lunes, 21 de enero de 2013

Ensaya con Ciencia: El cine y la ciencia ficción


Autor: Noel Morá

Hace un par de semanas, tuve una conversación sobre gustos literarios. Alguien me preguntó acerca de los míos y respondí que entre mis textos favoritos, varios clásicos europeos, americanos y latinoamericanos quedaban fuera de mis primeras preferencias por culpa de la ciencia ficción. Recibí bastantes críticas, sin embargo a medida que la conversación avanzaba, me di cuenta de la ignorancia que existía sobre el género, aún entre personas con toneladas de páginas leídas a cuestas. Y es que la ciencia ficción es un género un tanto incomprendido; muchas veces mal categorizado y evaluado. A pesar de ser un concepto popular en las producciones cinematográficas y de videojuegos, donde suele ubicarse entre las preferencias de muchos usuarios, existe una gran confusión sobre sus orígenes, sus características y alcances.


Bajo un punto de vista netamente semántico, la ciencia ficción agrupa una aparente paradoja: La ciencia tradicional (seria, docta, estructurada y netamente académica) frente a la ficción (recreativa, liberal, caótica e incluso muchas veces descabellada). Sin embargo sería muy desafortunado tomar esta primera visión como definitiva, pues incluso los postulados, experimentos y teorías clásicas del ámbito científico, han partido por alguna idea original tan o más fantástica en su momento que las que solemos disfrutar en pantallas o escritos. Es más, si nos remontamos al pasado, muchas de las ideas que precedieron a los grandes descubrimientos científicos seguramente parecieron pertenecer no solo al reino de la ficción, sino que al de la psiquiatría. Y es que pensar que el sol era el centro del sistema solar, que la tierra era redonda, que las estrellas podían ser mucho más grandes que la Tierra y que el Sol, que existían seres microscópicos o que nuestros antepasados andaban en cuatro patas y estaban cubiertos de pelo (esta última idea aún es imposible de aceptar para muchos de nuestros congéneres), seguramente habrían sido razones de sobra para calificar de orates e incluso condenar por herejía a quienes las hicieran públicas antes de que fueran populares o aceptadas por la población en general.

Si entonces aceptamos que la ciencia coexiste con la ficción de una forma mucho más íntima de lo que parece, es más fácil imaginar que esta relación no es solo sensata sino también fructífera. Buscar el origen de la ciencia ficción como género artístico o literario puede ser un tanto complejo de dilucidar, no es el tema que quiero abordar en esta ocasión, sin embargo podemos decir que de manera formal, esta tendría que tener un origen posterior al que se le concede a la ciencia moderna y que si bien hay muchos indicios de trabajos que podrían ser asociados a esta incluso en el siglo XVIII y XIX, es en el siglo XX donde aparece como género reconocible y popular.

En la literatura podemos encontrar algunas piezas memorables en sus inicios como el Frankenstein de Mary Shelley y los memorables libros de Julio Verne como De la tierra a la Luna o 20.000 leguas de viaje submarino. Pero si se queremos hallar buen material de referencia con facilidad, tendríamos que avanzar hasta mediados del siglo, en particular a la década del 50 (la llamada edad de oro de la ciencia ficción americana), donde variados autores como Ray Bradbury, Arthur C. Clark e Isaac Asimov hicieron gala de su habilidad logrando hacerse un espacio entre la crítica, los anaqueles de las librerías, los kioscos de revistas y la imaginación de sus fieles seguidores.

Desde esa época en adelante, la ciencia ficción se ha ramificado en muchos subgéneros, estilos, corrientes y modas que siguen presentes hasta el día de hoy. Sin embargo esta diversificación no ha significado necesariamente un perfeccionamiento de las obras, más bien ha generado una confusión entre el público y muchas veces por lástima, entre los autores.

Comencé hablando de la literatura de ciencia ficción, por un asunto de facilidad (más bien personal) sobre el reconocimiento y la clasificación de sus obras, ya que como cualquier corriente artística, podríamos reconocer ramificaciones en diversas formas de expresión como la música, artes plásticas, diseño, etc. Sin embargo, dentro de mi experiencia, fueron precisamente los cuentos y novelas los primeros que aprendí a apreciar (con el tiempo me he llevado gratas sorpresas al encontrarme con vestigios de su influencia en culturas tan lejas como la oriental y la latinoamericana y en disciplinas tan diversas como el comic, el diseño de vestuario o la arquitectura).

Para continuar prefiero referirme a la expresión cultural más masiva y popular del género: el cine. Es precisamente gracias al cine que la ciencia ficción se masificó y se convirtió en un género pop, sin embargo este “boom” no aportó a la refinación o divulgación de los escritos de mediados de siglo, más bien este medio permitió que la ciencia ficción se fundiera con otros estilos, (quizás debido a una intención de las productoras o directoras de lograr un contenido más “digerible” para el público). De un momento a otro, bastó con que una película tuviera un decorado “futurista”, una ambientación “fantástica”, personajes “científicos” o algún libreto con una idea “alocada”, para ser etiquetadas como “SCI-FI”. Hoy en día películas de súper héroes, fantasía épica, psicodélicas, etc. comparten categoría con películas estrictamente del género como las fabulosas Solaris de Tarkovsky y Odisea del Espacio 2001 de Kubrick. Y es que la confusión es entendible cuando vemos películas como La guerra de las galaxias o Terminator donde abundan la falta de explicaciones o reflexiones científicas cayendo incluso en omisiones o errores que facilitan la digestión de la trama y permiten que la acción no se vea obstaculizada por este tipo de fundamentos tan importantes en la literatura. Es por eso que cuando se piensa en cine hay que ser un tanto permisivo y olvidarse de que en el espacio el sonido no se propaga, que los robots deberían estar programados con las leyes de la robótica o que las mutaciones suelen ser incapacitantes o incluso mortíferas.

No tengo problemas en disfrutar de las películas “poco rigurosas”, mientras estas no sean absurdas o llanamente idiotas, sin embargo no puedo dejar de extrañar la falta de buenas adaptaciones de las grandes novelas o cuentos de antaño con sus prodigiosas tramas, sus personajes humanamente retratados, y el método científico aplicado a la resolución de problemas. La imaginación entrañable pero a la vez docta de los autores de ciencia ficción pura y dura casi se ha perdido en los autores modernos, apareciendo cual acontecimiento astronómico cada ciertos años en alguna que otra expresión artística que han logrado mantener de mejor forma la esencia de la ciencia ficción, sin embargo en el cine estas manifestaciones cósmicas son aún más escasas.

Las producciones ambiciosas que contemplan tramas complejas, mundos imposibles, dimensiones desconocidas, magnitudes cósmicas, escenarios complejos y abundancia de efectos especiales, parecen ser solamente realizables por los grandes estudios, sin embargo estos no suelen innovar, evitando riesgos innecesarios de producción o ventas.

Quizás llegue el momento de una nueva edad de oro en la ciencia ficción, esta vez en la pantalla grande y de la mano de los grandes estudios. Una nueva época de grandes títulos que estimulen nuestra curiosidad e imaginación. Obras que nos den respuestas, pero también muchas preguntas.

Espero estar aún aquí cuando esto suceda. 





3 comentarios:

  1. Heche de menos que se mencionara a Frank Herbert por su saga Dune.
    Excelente ensayo, rescata el factor científico y de razonamiento crítico que debiese imperar en toda obra de ciencia ficción.
    Inmediatamente recorde el mejor ejemplo del facilismo con que actuan los cineastas: Prometheus.

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    1. La verdad es que dejé de lado a Herbert no por un asunto de desconocimiento del autor ni por gustos personales (de hecho es mi segunda saga favorita, luego de "Fundación" de Asimov), sino más bien porque me estaba refiriendo a una década en particular de la ciencia ficción en la literatura. La saga Duna fue escrita en 1965, y mi acercamiento bibliográfico se refería al boom de este género en la década del 50 (en EEUU).

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  2. Muy buen ensayo , megusto el tema :)

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